9 de Abril de 1948

Texto de  Tito Julio Celis escrito de su puño y letra. 

Para la toma de estas fotografías obraron primeramente las circunstancias. 

Vivía yo en esa época media cuadra abajo de la Plaza de Bolívar en una casa grande que hoy es un centro educacional, desde cuyos balcones podíamos ver parte de que sucedía en nuestra Plaza Mayor, especialmente hacia las gradas del Capitolio que era, como es natural, la atracción principal de todos una vez informados por la radio del asesinato del Dr. Jorge Eliécer GaitánPronto vimos la primera quemazón de vehículos, los que no pudieron escapar dentro de ese estado de terror general como presintiendo lo que se iba a desatar. 

Con miedo y todo, vi la necesidad de registrar esos extraordinarios acontecimientos en unas fotografías para la historia. Como en esos días se celebraba la famosa Conferencia Panamericana con asistencia de cerca de un centenar de periodistas y fotógrafos extranjeros, pensé y así lo hice, en disfrazarme de extranjero en atención a la idiosincrasia de nuestras gentes que respetan mas al extranjero que al coterráneo. Me puse un saco de gamuza poco usual en esa época, tomé mi mejor cámara con película suficiente y salí a escena. En esa toma desde el primer momento encontré el fenómeno que me hizo entrar en confianza, es decir que me elimino en parte el miedo; al intentar tomar cada fotografía, los violentos mas bien se alegraban como que se tratase de una fiesta exhibiendo su barbaridad como un trofeo levantando muy en alto sus machetes, palos y antorchas.

foto tito 9 de abril blog foto 2.2

Seguí tomando fotografías de ese infierno, de las que capturaron suficientes como para seleccionar, ya que, a lo último, los actores se fueron a verme y me abandonaron en plena libertad.  Más tarde se recrudeció el espectáculo cuando la gente a falta de autoridades fue tomando confianza e invadió la Plaza de Bolívar. Posteriormente, hizo su aparición tímida el Cuerpo de Bomberos, que al parecer se dispuso a apagar los incendios, pero fue rechazado a piedra por los violentos que preferían la hoguera, tocándome varias veces estar debajo de esa pedrea solo concentrado en mi labor de captar aspectos; gracias a que fui aceptado por la multitud no dejando de herirme las manos al subirme a una pilastra del alumbrado con los vidrios de las lámparas que fueron vueltas pedazos.

Como todo esto se iba desarrollando por etapas cada vez más fuertes, vino la siguiente tan brava, tan agresiva que me saco corriendo para la casa tras de mi ayudante quien fue el primero en ver a un grupo de macheteros que con las armas en alto hacían su entrada en la Plaza y se nos venía encima abriéndose paso por la carrera séptima hacia el Palacio Presidencial de donde vimos en seguida unas fuertes explosiones como de cañonazos; impactos cercanos con una rompezon de vidrios justificando así el susto que nos hizo guardar sin dejar un momento, de abrazarme al gusanillo de la expectativa

Regrese después en el momento en que la multitud arremetía contra el Capitolio Nacional para asaltar la sede de la Conferencia Panamericana, cuando afortunadamente el Ejército del Batallón más cercano, el Guardia Presidencial a falta de la Policía que se fugó, acababa de posesionarse como custodia de todo el capitolio, y en esa arremetida para repeler la multitud que se iba encima hubo bala y los primeros muertos y heridos; muy cerca estaba yo del colega Parmenio Rodríguez fotógrafo del diario El Espectador quien cayó muerto atravesado por una bala con cámara y todo pagando justos por pecadores. Con esas “Chanzas Pachunas”volví a guardarme en la casa que me quedó cerca.

Lo demás, pienso yo, fue un hervidero de violencia general con asesinatos y saqueos que enlagunaron el ambiente y así la mente de cualquier fotógrafo que no tenía en concreto más que hacer, y mucho menos exponiendo el pellejo en esa furia inconsciente de borrachos que desde la casa vimos pasar por las calles como atacados de hidrofobia.  Desde nuestras ventanas vimos como una pareja de policías – falsos a juzgar por los uniformes nuevos de talla superior y el modo torpe con que manejaran los fusiles- trataron de violentar las puertas y una vitrina del almacén y Sombrerería Nates, que nos abandonaron completamente al frente, no pudiendo tolerar ese atropello contra nuestro vecino y viendo que los fusiles les quedan muy pesados, nos le declaramos en huelga; les gritamos: “Monicongos ladrones, eso no es ser gaitanistas, fuera de aquí cochinos” Y como el pecado es cobarde, los ladrones disfrazados a autoridades se fueron con su música revolucionaria a otra parte, dejando en paz la Sombrerería Nates

Pronto la segunda parte…